viernes, 1 de abril de 2011

Tommy

Qué pena que los tenga a punta de pan viejo, este fue el último que encontré de los vestigios de aquella otra válvula de escape, ya desaparecida, y que justamente pasó a la historia con esta nota como última entrada, hace exactamente cuatro años. En un intento por superar el guayabo dejado por la pérdida de Pinina, quise llenar el vacío con una nueva experiencia... lo demás es historia.

Aquí vamos otra vez, mientras escucho repetidamente la última adquisición musical, inspiración de mi artista favorito.

Alguna vez leí o escuché de alguien que los lamas, cuando tienen que buscar a la siguiente encarnación del que los ha abandonado momentáneamente mientras transita a otro cuerpo (el Dalai Lama, por si no me hice entender), comienzan a vagar por ahí (en el sentido de andar errantes por aquellas tierras de oriente , no en el de mamar gallo, tan arraigado por estas otras) en busca de un crío el cual, como parte de una de las pruebas que lo revelarían como el sucesor del desencarnado, al estar delante de una variedad de elementos (juguetes, me dijeron), habrá de elegir justamente aquel o aquellos por los cuales el anterior líder, es decir el mismo maestro en su vida anterior, mostró marcada preferencia. Déjenme decirles que eso muestra que el Dalai Lama y yo, modestia aparte, somos unas almitas de Dios, si nos podemos dar el lujo de conservar algunos de nuestros juguetes hasta nuestra vejez. Hoy día por defecto las madres modernas consideran que si su nene no es una mier** al tratar las cosas, animales y/o personas, es porque algo anda mal y está condenado a ser un tarado. El brillante es el que más curiosidad destructora muestre. Por eso aquí jamás va a haber un Dalai Lama, sospecho.
Y bien, qué tiene que ver el señor calvito de las sandalias y las gafitas en todo esto? Nada, pero la pasé rico escribiendo el párrafo anterior, sobre todo al poder rajar una vez más de esos seres de apariencia semi-humana que son pequeños en estatura pero enormes en peligrosidad.

Mentiras... no es del todo cierto... lo de la falta de relación del maestro tibetano con el tema. Lo de los mocosos sí lo sostengo. La idea que quiero redondear es que me había creado una gran expectativa, casi tan grande como la de los lamas, en este tiempo que anduve imaginando por dónde vagaba (sí, erraba) el alma de ese ser tan especial que habitaba en mi anterior mascota. Quise haber tenido más tiempo para ocuparme personalmente de la tarea, pero por una vez en la vida he confiado totalmente algo tan serio a alguien más: a mi adorable y nunca suficientemente ponderada costillita, quien de hecho ya había tomado parte en el proceso cuando hace casi doce años nos topamos con mi "primogénita". Esta vez estoy confiando en que su criterio sea el correcto en la decisión que nos atará a este mundo por los próximos (ojalá bastantes) años. Y si mis lectores me conocen en un aspecto clave ya supondrán que no estoy hablando precisamente de seres supuestamente racionales que anden en dos patas. No señores, claro que no. Estoy hablando de seres maravillosos que, al estar en cuatro patas, son poseedores de un mejor y más cercano contacto con este planeta del que podemos tener nosotros, viles devastadores que acabamos con todo lo que se cruza, como bien lo dijo el agente Smith (nuevamente yo y mis referencias a "The Matrix").

Estoy hablando de los primeros acercamientos con un barrigón que se durmió en mis brazos la segunda o tercera vez que me vio, y que ya está empezando a darse cuenta de a quién podrá desarmar sólo con mantener esa expresión que por ahora lo asemeja tanto conmigo, en opinión del pequeño círculo de amistades que ya han podido verle en una simple foto de teléfono móvil. Estoy hablando de mi próximo tamagotchi de carne y hueso.
Los dejo en su compañía (todavía les hablo a mis lectores como si en realidad existieran)... mientras logro definir el rito mediante el cual él mismo escogerá el nombre que lo acompañará durante este tránsito entre nosotros.

Un canino saludo...

jueves, 3 de marzo de 2011

Reload


En lo que para mí constituye un acierto, Ciorán en su obra "La tentación de existir" cita a Chuang-tzé: "Que el hombre no ame nada y será invulnerable". Entre tanto, en un lugar muy pero muy alejado de los taoístas, los caballeros Jedi afirman también en sus más sagrados preceptos que los sentimientos que se derivan de esa palabreja aguda de cuatro letras son peligrosamente perjudiciales si se quiere mantener el equilibrio de la fuerza, comenzando por la interior, y siguiendo con las consecuencias de nuestras acciones; potencialmente fatales cuando actuamos cegados por las pasiones, ese incómodo apéndice animal del raciocinio que nubla todo entendimiento.

Sólo el paso del tiempo puede lograr tal cambio de enfoque. Sí, en alguna época también uno pudo haber sido un idealista, y ciertamente en mi caso hoy puedo afirmar que esa época fue la peor. Con la ayuda del añejamiento, llega la sensatez que permite ser consciente de tantas metas retrasadas que en otra época no habrían sido esquivas si se hubiese obrado con más cautela y menos idealismo, con más de razón y menos de pasión.
La instintiva "necesidad" del apareamiento está lejos de ser el ideal que reúne a una cándida princesa y a un príncipe azul. Alguien dijo que la mujer es ese tipo de ser que, generalmente, inspira el deseo de emprender grandes obras... pero luego en la cotidianidad nos impide realizarlas. Otro alguien, no necesariamente misógino, cuenta cómo un amigo suyo se inspiró en la que creyó su compañera ideal y, por ella, atravesó los mares a nado, escaló las montañas más altas, desafió a las bestias más salvajes, se enfrentó a los mayores peligros y adversidades imaginables... pero ella lo abandonó porque nunca estaba en casa.

Qué se oculta tras toda esta amarga comedia? Una gran verdad: los suspiros no alimentan. Sólo los animales se pueden dar el lujo de pasar su vida entera en un eterno celo buscando una pareja que solamente su instinto define como imprescindible. Sólo ellos, si logran superar esta prueba, pueden dedicarse a ser el macho alfa de su manada sin preocuparse por nada más, pues la madre naturaleza proveerá lo restante. Nosotros no. Nos guste o no, nuestra realidad es otra, o por lo menos eso se quiere creer. Aunque a la larga, apartemos nuestra capacidad de raciocinio y qué nos queda? Un animal que aprendió a caminar en dos patas y a elegir entre dos cabezas para guiar su vida. Que la mayoría elijan mal, eso ya es otro problema.

Regresando a Ciorán, se encuentra uno con que el primer pecado existencial es haber nacido y el segundo es hacer que otro más cometa el primero sin haberlo pedido. Resulta que a este moridero llegamos solos y solos nos hemos de ir, dejémonos de pendejadas, absolutamente nadie tiene el derecho de arruinar nuestra vida alienándola en pos de su ego. Cuando la parca pase por el ladito de uno nadie se va a meter en medio para irse en nuestro reemplazo. Somos responsables de lo que pase con nuestro día a día, ese tiempo no se recupera y cuando uno se lo ha dedicado en vano a alguien que muy seguramente no lo merecía, la vida misma más adelante nos pasa la cuenta de cobro... y no nos alcanza el resto de nuestros días para pagarla. "¿Cuántas cosas habría podido hacer por mí si no me la hubiera pasado mariqueando detrás de ___ por ___ días / meses / años?", puede ser la pregunta que surge entonces.

Al final, bien dicen que... "el hombre libre es un animal incompleto, y el hombre en pareja (casado o cazado) es un completo animal".

viernes, 14 de enero de 2011

Soñar no cuesta

Me disculparán los lectores más veteranos, si quizá vieron este "divertido" apunte tiempo atrás en otro espacio que cayó en desuso de mi parte por andar de esclavo, y en desuso de parte del proveedor de alojamiento por desmonte de la plataforma. Quise deliberadamente dejar una nueva evidencia de las huevadas que escribía años atrás. Esta entrada vio la luz originalmente el 14 de Enero de 2006.


Hoy como por dármelas de chistoso (y catalizar el tono de la peste que publiqué ayer) quise comentar esta imagen de mi amiga Monica Bellucci, una de las mujeres que SI me merezco...
Ciertamente no sería mala idea conseguir unas gafitas como las de Neo o las de Morpheus, ya que representan una enorme ventaja... ¿o seréis vosotros parte de la masa de incautos que aun creen que en esa escena aquellos dos estaban concentradísimos, con la mirada fija en el Merovingio y sus matones, teniendo semejante escultura literalmente al alcance de la mano? 
No hay derecho... definitivamente, soñar no cuesta (situación acentuada por el marido y la hija de un año, lo cual no la hace fea pero sí la aleja del horizonte posible para alguien con principios). Cuando vimos esta escena la donna (1,78 m., 35C-24-35") contaba 38 septiembres... juzguen, caballeros.

Aunque no vi "La Pasión de Cristo", don Mel Gibson debió prever el riesgo de que con semejante Magdalena el maestro podría haberse desviado hacia el lado oscuro.
Hasta la próxima.
PD/
Para quien guste de algo más "revelador", sugeriría la película "Irreversible", del año 2002 y dirigida por Gaspar Noé. Debo sin embargo advertir que la obra puede parecer una porquería y no creo que la consigan fácilmente, además hay que estar bastante concentrado para ignorar la presencia del marido en la escena que justifica la sugerencia.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Pinina

Vuelve y juega el "auto-reencauche", esta vez asaltado por una duda: ¿Habría podido soportar 15 años a nuestro lado? Nunca se sabrá, pero los 11 que compartió con nosotros fueron una de las pocas cosas que puedo recordar con agrado en medio de tanta adversidad. Hoy hace 15 años llegó a nuestro hogar para ocupar un lugar muy importante, y es justo hacerle este pequeño homenaje presentándola a tantos que no la conocieron. Esta entrada fue originalmente concebida el 16 de marzo de 2007, casi tres meses después de su partida.

Casi tres meses después vengo a citar aquel evento que nos dañó el más reciente fin de año, la más reciente navidad (época que de hecho ya detestaba). El 27 de Diciembre pasado tras once largos años fue necesario adelantar su triste destino, el que tenemos todos, pero que en su caso se vio anticipado por la inclemencia de un tumor que ya hacía rato se había amañado con ella tanto como ella con nosotros y viceversa. En un hecho sin precedentes que me puso a trascender sobre algunas de las ideas que tanto predico, la decisión más humanitaria, si el término existe y es aplicable a este caso, era darle concentrada una enorme dosis de cariño que la hiciera sentir relajada en esos ultimos instantes comprados, y no aguardar a que más adelante unos largos e insufribles últimos días gratuitos se convirtieran para ella (y para todos los que la rodeábamos) en la peor experiencia de nuestras vidas. Tocó preferir la calidad sobre la cantidad. Tenerla sufriendo por un tiempo excesivo en espera de un milagro que no iba a llegar, no iba a ser de ninguna manera el premio a su fidelidad incuestionable. Muchos dirán que el llevarla empujada hacia la luz del túnel tampoco lo fue, pero en verdad eso es algo que solo puede conceptualizar cada quien desde su propia experiencia.
Junto con este epitafio que le estaba debiendo a mi Pinina, verán una de sus últimas fotografías.No es de la mejor calidad, pero ya es mucho logro que en medio de la tragedia el Libretista nos hubiese provisto un celular con cámara para poder registrar su inocente disimulo y el imperceptible y valiente esfuerzo con el que hasta ese oscuro día nos convenció de que todo estaba marchando bien. En esa lúgubre navidad del año 2006, volví a sentirme un animal incompleto. Quienes me conocen de cerca pensarán en este momento que estoy siendo cínico al negar que hay otras fuentes de cariño alrededor. Pero no por eso voy a dejar pasar la oportunidad de afirmar que el de ella fue siempre muy especial. Tampoco les será nuevo el verme o escucharme decir que siempre preferiré estos "placebos", como diría un amigo. Es incomparable la fidelidad, el afecto que te puede prodigar una mascota por encima de la ingratitud que casi siempre se espera del mal llamado ser humano. Ni siquiera aquellos que comparten tu sangre son completamente dignos de confianza, y al no poder escogerlos, lo malo que te pueda pasar con ellos es un simple producto de la mala suerte.
En cambio el vínculo que creas con ese ser es invulnerable al paso del tiempo. Te querrá hasta el último de sus días en la misma forma o mejor que como te lo demostró el primer día que te vio. No te levantará la mano ni la voz para agredirte, siempre te esperará ansioso y feliz de verte, sin importar la hora y lo cansado que llegues su alegría puede borrar todo lo malo en un batir de cola.

Bien... no me extiendo más. Esto era algo que tenía atorado en la conciencia, el no haber dedicado a tiempo unas palabras a ese ser tan especial al que tuve que dejar ir con el Libretista hace casi tres meses. Lo tenía que hacer, por algo que ya casi contaré en este espacio, y que me hace guardar la esperanza de que su espíritu no nos ha abandonado y que incluso, si está escrito, pronto estará de nuevo con nosotros.

lunes, 21 de junio de 2010

Lutocracia

Por todo lo que ha muerto: las esperanzas, los buenos proyectos políticos, las buenas intenciones de sacar a este moridero de su sempiterna ignorancia y estupidez a través de una mejor educación, la oportunidad de dejar viendo un chispero a todos los hampones que desde anoche comenzaron a lagartear la oportunidad de recibir su tajada del pastel, la duda de cómo iban a hacer los "honestos" donantes que aportaron a la turbia campaña para recuperar su inversión en caso de que la apuesta no les favoreciera... en fin, entre estas y muchas cosas más, el sueño, la utopía de por fin tener un mejor país, y no el que nos merecemos por idiotas (incluyéndome entre las víctimas, pero sin tener culpa de lo que pasó).

Sea este un sufragio in memoriam de la democracia que nuevamente fue abortada a cambio de más de lo mismo. La horrible noche aún no cesa. Apaga y vámonos...

domingo, 16 de mayo de 2010

Poopville (Urbanosis 4)

Poop... shit... crap... dejémonos de vainas, mierda, ese es nuevamente el tema. Y es que este remedo de civilización al que los optimistas llaman ciudad (y capital, pa' más piedra) posee las suficientes características para que uno sienta que vive en una selva.

Iba mi amigo el puma una mañana de camino hacia la casa de su cuñada, cuando de pronto se sintió como Tarzán el día en que descubrió la desobediencia del hermano conejo. Poco faltó para que sus pasos se hicieran un tanto pegajosos y olorosos al encontrarse con la tremenda descarga que pueden apreciar en la fotografía. Pero esta preciosa muestra, por sus características y en particular por su colosal tamaño, no daba para ser una incursión urbana del hermano conejo. No, tampoco era del señor que va varios metros adelante. Todo parecía indicar que se trataba de un obsequio a la ciudad dejado allí por el inseparable compañero del llanero solitario, o por lo menos, de una de sus versiones criollas: uno de aquellos policías montados, también conocidos localmente como carabineros (aunque seguramente ninguno de éstos lleva carabina). Lo que sí llevaba este semoviente (el de abajo, no el de arriba) era un antojo incontenible por decirle al mundo lo que se merecía, y qué mejor que a través de este pintoresco reguero. La veraniega atmósfera mañanera se percibía notoriamente viciada por la gaseosa estela que de tan magnífica obra de arte emanaba dándonos una leve probadita de lo bien que andaba la digestión de aquel animal (ya dije, del de abajo).


En esta bella postal el toque de ironía lo da el avisito del pequeño parque. Sugiere la sana costumbre expresa en la señal, que a este espécimen (al de arriba) le tocará en lo sucesivo incluir en su kit un costal y una pala (o por lo menos, una bolsa de supermercado y una cucharita, lo que más le guste) para hacerse cargo de las desdichas que su fiel compañero de jornada obsequia generosamente a la urbe a través de sus esfínteres. Claro que es posible que el de arriba no considere que el de abajo cumpla el rol de mascota, y ahí sí jodidos porque todo lo dicho hasta ahora no pasaría de ser tan sólo un chiste.

Lo que no es un chiste es la actitud en la que viven otros ciertos animales, que sin ningún pudor van agarrando cuanto rincón, poste, parque, cerca o antejardín se encuentran a su paso para convertirlos en espontáneos baños públicos. La mala educación de este miserable pueblucho comienza por casa, cuando la irresponsable mala madre prefiere ahorrarse una moneda y en vez de buscar un baño real, no tiene reparo en bajarle los calzones a su asquerosa cría para ponerla a mear o a cagar en donde le de la regalada gana. Y con esos vicios crecen los mal nacidos que con el tiempo tampoco tienen ningún inconveniente en ir "haciendo pipí" en cualquier esquina ante la atónita e impotente mirada de los conciudadanos que nada podemos hacer por el temor a cualquier respuesta animal fuera de tono por parte del cochino infractor.

De la poca cultura ciudadana que se había ganado unos años atrás, nada queda. En este momento, por lo menos, más de media docena de infelices desadaptados echan a perder la que pudo haber sido una fecunda noche de ejercicio intelectual para mí, y una noche de plácido sueño para los demás habitantes de una de las pocas casas en esta cuadra en las que aún vive gente decente. Hemos sido atropellados en nuestro derecho al descanso por unos mal nacidos viciosos que desde hace más de cuatro horas han hecho estremecer nuestras ventanas y paredes con la pseudo-música más asquerosa, los gritos, las palabrotas, el escándalo, el desaseo en los antejardines y el consumo de alcohol y de drogas. Y la autoridad (que por su lenta reacción parece que vino en burro mocho, ni siquiera en caballo) no existe para poner freno a la porquería... en esta jungla cada indecente va haciendo lo que de la la cochina gana, pero eso sí, ay de aquel que se atreva a intentar buscar una solución por su cuenta. Sí, tendré que decirlo... en este momento añoro que venga un grupito de aquellos que hacen la "limpieza"... porque mientras no podamos retomar un régimen en el que la educación y la decencia prevengan la ocurrencia de estos desmanes, la única forma de aplacar a tanta mal nacida plaga tendrá que ser la fuerza.

Señores de los falsos positivos, hagan un último favor a la patria... aquí les tengo una colección de vagos para que engorden sus resultados. Hagan con esos hijos de mala madre lo que les de la gana, antes de que se sigan tirando el barrio y el vecino de en frente tenga que conseguir un arma para agradecerles por todas las cochinadas que le dejaron en el antejardín. He dicho.

sábado, 10 de abril de 2010

Trashville (Urbanosis 3)

Dentro de la gran masa intangible de la llamada cultura popular, hay por ahí una sentencia que afirma que "el papel aguanta todo". (Si no lo creen, pregúntenle al papel higiénico). No tengo idea de cuándo ni dónde se acuñó dicha frase, pero lo que sí tengo claro es que los tiempos han cambiado. Hoy por hoy, siendo testigo de toda la catástrofe ecológica causada por la prepotente indiferencia de la especie humana, esa frase me suena bastante canalla. Es la aprobación sin justificación de todo lo malo y lo inútil que se ha hecho con el producto de la explotación de innumerables bosques. Y dentro de lo inútil se ubica el ejemplo de hoy.

Se presentó una mañana como cualquiera entre semana, un día de esos agitados en los que uno va presuroso dando largos pasos al compás de cortas reflexiones. Ya había logrado superar la asfixiante "comodidad" de nuestro envidiable sistema de transporte público, ese que dizque nos cambió la vida al acomodar nueve parroquianos por metro cuadrado. Eso significaba también que ya había perdido quizá una hora u hora y media en un viaje que supuestamente duraría de 20 a 25 minutos. Ya había pasado invicto la prueba con la que todos los días el mercado de la lástima intenta romper la indiferencia de mi amigo el puma en cada puente peatonal que cruza (esta vez, cuatro veces en el mismo puente). Ahora venía la tercera prueba de esta olimpiada cotidiana, la veloz caminata de obstáculos, esquivando a aquella multitud de lentos para los que parece que el tiempo no transcurre con la misma velocidad. Se entiende por qué muchos de ellos son cafeinómanos desde que llegan a sus oficinas ("Rosita, ¿me regala un tintico?"), ya que cuando van por la calle parecen dormidos. Pero debo bajar mi velocidad, porque esta vez hay un elemento extraño en el paisaje.

Abundantes manchas rojas comienzan a aparecer sobre los andenes, una tras otra. Llegan a la mente imágenes mezcladas... cierto deporte en el que los participantes son capaces de asesinar al contrario de una patada en la cara por un balón... cierto evento que se presenta cada cuatro años, siendo la máxima expresión del supuesto deporte aquel... un señor mayorcito de peculiar peluca, que antes jugaba a eso mismo y ahora se la pasa comiendo papas fritas... un operador de televisión por cable que está ávido de nuevos clientes, y decide contratar una publicidad en la que entre otros figura el señor mayorcito, pero esta vez hablando del eventico aquel y no de las papas fritas... y un periódico de circulación gratuita que se reparte todas las mañanas a los transeuntes madrugadores en las principales vías de este cochinero de ciudad, el cual ha incluido aquella mañana un volante con la publicidad de aquel operador de televisión que contrató al viejito de las papas fritas para que dijera que a través de dicho operador él va a ver todos los partidos (a los que ya no puede ir) del eventico aquel en el que se van a romper la madre por un balón.

El resultado: porcicultura urbana, o en otras palabras, comprobar qué tanto se puede empeorar esta pocilga, esta porqueriza de ciudad, en la que al parecer a la mayoría de los habitantes les gusta revolcarse en su suciedad. La primera foto habla por mí, describiendo una de las manchitas rojas que ya mencioné. Como esa había cualquier cantidad, ubicadas en el andén, en plena calle, sobre las zonas verdes, enredadas en las rejas, en cualquier parte, menos en donde deberían estar: el lugar correcto para la basura, que es el ilustrado en la segunda foto. Y lo más triste es que lugares como esos, llamados canecas, de los cuales parece que sólo unos cuantos iluminados tenemos conocimiento, había en abundancia sobre aquella vía: una cada 50 pasos, aproximadamente. Así es que no se entiende por qué al porcino urbano promedio le cuesta tanto trabajo esperar a encontrarse con la siguiente caneca para hacer lo correcto.

Y por supuesto, me rehuso a entender por qué en esta época en la que hay tantas formas inteligentes de promover cualquier cosa, estos señores recurren a lo qué más daño ambiental y basura produce, como lo fueron esos volantes que, según lo visto, a la gran mayoría del público le importaron un carajo. Sí, señores: a mí, su bendito mundial de fútbol y en general lo que tenga que ver con ese jueguito me importan un c... omino.