sábado, 13 de marzo de 2010

¿Uterocracia?

Desde hace días hemos venido manchando las conversaciones cotidianas con el tizne de que nos íbamos a poner pútridos en este blog. Y lo más pútrido que se nos ocurrió fue hablar de política. Y para aumentar el hedor, política matizada con otros temas pestilentes: religión y sobrepoblación. Ya verán por dónde va el agua al molino...

En el que fue nuestro colegio hace ya bastantes años, mi amigo el puma y yo veíamos con frecuencia que los curitas rendían devoción a un personaje que era todo un icono de su comunidad, beatificado por aquellos días y actualmente considerado santo: Ezequiel Moreno y Díaz. "Sacerdito" desde los 16, sacerdote a los 23, por andar de misionero vino a hacer carrera de obispo en este moridero hasta los 58, cuando su Diosito se acordó de él. Eso fue hace ya más de 100 años, en una época ruidosa en la que aún se hablaba de guerras civiles, como la guerra de los mil días que dejó como consecuencia la pérdida de Panamá. Sí, claro, yo detesto el enorme baúl de datos que llaman historia, pero estos los necesito para delinear el contexto histórico de mi primer personaje, don Ezequiel... digo, San Ezequiel. Esto va para largo...

Todo ese tropel de guerras era generado por ese delicioso invento humano que llaman política. Dos partidos tradicionales vivían buscando la disculpa para darse en la jeta sin importar a cuántos hubiera que llevarse por delante. Muy evolucionados estos señores, resulta que según cuentan las malas lenguas (ya que las buenas al parecer jamás se destacan por contar algo) el curita Ezequiel no fue la excepción, y como lo dictaba la tradición, sus inclinaciones eran azules, pues al parecer la sotana le combinaba con las banderas del partido que en plena época de guerra llevaba las riendas: el conservador. Tales inclinaciones no eran desconocidas para los borregos-feligreses ya que el señor este hacía política desde el púlpito, de manera que esta "almita de Diosocomosellame" se convirtió en un personaje de horror para los liberales. Como ya dije, un siglo ha pasado desde entonces... pero algunas mañas no se pierden, y aunque sea por encima o por debajo de la mesa, ese tufillo de coquetería entre cierta corriente política y cierta iglesia milenaria sigue por ahí. Lo malo es que a esa encantadora corriente política le encantaba andar acabando a punta de violencia a los opositores, para la muestra está el caso de un tal Laureano Gómez quien por la época de la guerra que mencioné era universitario, y con algo de tiempo llegó a ser Presidente. No voy a seguir con la clase de historia, me basta sólo con saber que a estos individuos les iba muy bien armar masacre.

De la entraña de esta facción política salen hoy en día ciertos brotes que me desconciertan. Será porque los tiempos han cambiado, aunque las alianzas no. La mentalidad de los negociantes de la fe ya no se orienta a acabar con un público potencial a punta de machete y bala por cuestiones de color político. Es más interesante hacer que ese público aumente descontroladamente, a fin de aumentar también la probabilidad de que salgan nuevos simpatizantes de la causa, nuevos borregos a los cuales seducir desde el púlpito para que vayan a engordar las urnas en elecciones y los bolsillos de sus amigos políticos después de éstas. Es más interesante una alianza estratégica en la que yo te promuevo y tú me promueves. Yo desde el púlpito digo ciertas estupideces y tú desde la tarima de tu campaña las repites, y ya veremos cómo los dos salimos ganando. Qué asco. El mismo asco que me produjo el ver estas perlas en la publicidad de ciertas candidaturas...
Ahora resulta que la intención de voto no debe ser determinada por las ideas sino por las creencias. O por la relación entre aquellas y los hábitos sexuales, según parece. La primera me produjo "piedra", la segunda, un rotundo asco. No entiendo qué putas tiene esa asquerosa barriga de estético o de político (¡vamos, es publicidad política, no un anuncio de un centro de no-planificación familiar!). Pero en el fondo, las dos están diciendo la misma huevonada: sigan tirando mamitas que todavía no tenemos suficientes borregos. A esta gentuza le parece que aún somos pocos. A la salida de los templos llenos de tontos se ve a otros más tontos con su colección de niños muertos de hambre pidiendo para un pan. Pero el infeliz que adentro y desde el púlpito les incita a seguir trayendo más y no a prevenir que esto ocurra, no adquiere ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus palabras. Tampoco lo harán este par de lumbreras que vociferan lo mismo en la plaza pública y en avisitos pecuecos como los que aquí se muestran. Ni ellas ni los de sotana se van a ir a cada semáforo a adoptar a todos aquellos que viven en la miseria vendiendo chicles. Por el contrario, estos hipócritas muy probablemente ordenarán a su chofer que la emprenda a madrazos cuando uno de esos infantes le esté embarrando ("limpiando") los vidrios del carro.

Lo que tengo claro es que usualmente uno debería hacer campaña prometiendo (esa es la palabra clave de siempre, puras promesas) implantar o mejorar algo, o bien derogar algo, según ocurra que ese algo favorecería o está perjudicando a muchos o a todos los electores. Ejemplos hay todos los que se quiera: mejoras en la educación, en la salud, en los servicios públicos... eliminar o reducir impuestos... lo de siempre, lo de los mismos con las mismas. Pero el caballito de batalla de este par de patéticos casos no tiene ese rasgo. Que yo sepa, actualmente nadie va por ahí obligando a la gente a que aborte o a que tenga ciertas prácticas responsables en torno a ese temita de andar sobrepoblando, aunque se debería. Esas cosas aún están en el terreno de las sabias decisiones que todos deberíamos ser capaces de tomar, pero a las que la estupidez general no deja tiempo. Entonces, no veo en dónde está la promesa que va a atraer a las moscas a las urnas. A la vista del electorado sin cerebro, un lema como estos es "la miel que atrae a las moscas más que el vinagre". El problema es que la mierda las atrae aún más, y para mí, estos lemas no son más que eso: shit. Literalmente, este par de eminencias deberían irse para la China, a ver si encuentran nicho en medio de los pocos estúpidos que quieren salirse del modelo que los obliga (a Mao gracias) a controlar la población. Aquí, mis señoras, están absurdamente fuera de lugar.

Estas son nuestras almas puras... que rueguen por nosotros, que nosotros rogaremos por ellas... para que no lleguen a donde pretenden llegar. Mañana es día de elecciones... yo espero que usted, apreciado lector, pueda votar con la cabeza y no con las gónadas. He dicho.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Qué? (3)

Ahora que ya salimos del prólogo podemos volver al camino andado y continuar con esas perlitas que nos endulzan las mañanas a mi amigo el puma y a mí, cuando la casualidad nos agarra de sorpresa (prácticamente a diario, con lo cual ya no debería tener nada de sorpresivo) y nos arroja en la cara abundantes muestras de la subcultura en la que por mala fortuna estamos inmersos.

Las mismas joyas vemos en todos los niveles, desde la chic decoración del vehículo del transportador urbano hasta la kitsch embarrada redacto-ortografico-gramatical del brillante, exitoso y talentoso profesional (¡puáj!), cuyo hedor (el de la embarrada..., casi siempre) es tan perverso que nos tienta a pensar que ese error pudo ser intencional, ya que hay por ahí en la jungla de cemento gente capaz de cosas inimaginables.


Esta es una más de las callejeras, ya que las otras infortunadamente se mantienen cobijadas por la aparente pulcritud del entorno en que los miserables yuppies pasean su ignorancia. La misma lamentable falta de claridad que tiene la foto, y de la que adoleció el fulano que por "cualquier tres pesos" hizo este triste aviso, la comparten en el otro extremo de la pirámide zoocial aquellos deprimentes engendros de limpia camisa y corbata que a veces rebuznan al del escritorio de al lado pretendiendo saber si la palabra imbécil tiene tilde. Y en algunos de estos casos, sí que la tiene. Podría disculparlos asumiendo que el nudo de la corbata no permite que les llegue sangre a la cabeza. Pero mejor hago caso al aviso... los veo a lo lejos y concervo mi distancia.

sábado, 6 de febrero de 2010

¿Qué? (Prólogo extemporáneo)

Para comenzar, una nota al margen: hace dos semanas aquí se cumplió un año de estar escribiendo boñiga. Quizá hubo menos movimiento de lo esperado, dada la efervescencia de los primeros días. Queremos que quede entendida la advertencia: que no estemos escupiendo cada semana, no significa que el empute cotidiano haya cedido terreno, en absoluto. La olla a presión del inconsciente sigue ahí, sólo que en bajito. Simplemente al igual que en el universo paralelo al que llaman realidad, acá en este plano virtual, a mi amigo el puma "le valen huevo" los cumpleaños, y muy especialmente los propios, por eso no quisimos correr el riesgo de recibir el centenar (tan optimista, con diez lectores) de comentarios de ocasión. Ahora sí, a lo que vinimos.

Este es un prólogo que le quedé debiendo a uno de los variados hilos con los que se teje la neurosis en este espacio: la buena escritura. Ha surgido luego de uno de los tantos trasnochos que tuve la semana pasada, cuando volví a encontrar en medio de una maraña de datos, perlas invaluables que demuestran qué tan ilustrados son aquellos y aquellas infelices que nos restregan todo el tiempo su status de brillantes jóvenes profesionales (me muerdo los dedos para no escribir a qué se dedican esos idiotas, por no herir susceptibilidades). Lindos gazapos como "hacerca", "rebicion", y muchos otros que he encontrado y seguiré encontrando, ya que la suficiencia con la que pretenden expresarse estos supuestos eruditos no les deja espacio en el ego ni en el escritorio para una saludable consulta al diccionario.

Lo anterior, sin contar con el creciente daño que se le hace al pobre idioma heredado de los españoles, a través de los canales de comunicación obsequiados por el avance tecnológico (que al parecer se traduce en retroceso neurológico para muchos): mensajes instantáneos de texto, aplicaciones de chat, redes sociales de todo tipo, etc. La ralea del común se ha metido en la reducida cabeza la idea de que estos canales están ligados al inmediatismo, al permanente afán... pero aun no entiendo al afán de qué, ya que generalmente quienes peor los usan destacan en mi percepción por ser una caterva de desocupados. Y al margen de lo inoficiosos que puedan ser, mis experimentos privados me llevan a concluir que me demoro más buscando la forma de echar a perder la ortografía de una frase que si la escribo como la gente decente. Es decir, la moraleja en tal caso sería, que si me voy a demorar lo mismo escribiendo algo bien o escribiéndolo mal, prefiero lo primero. Pero por desgrasia, la tendensia ba en direxion kontraria, mk. EsO dE aNdAr EzKrIvIeNdO vIeN hA tOdA oRa Ez PaRa "ÑoÑoS", gÜoN...

Me indignó leer en un periódico hace tiempo esa última afirmación sobre los ñoños, proferida por un mocoso que supuestamente se ganó un concurso de ortografía. Deduzco entonces que para ese pelmazo, la ortografía es la obligación de escribir como se debe bajo amenaza de ser vulnerado por el orto. Leer la forma tan miserable en que esta gente se expresa, solamente me produce ganas de pasarlos al paredón, y "ratatatatatataa..." (pero muchos de esos iletrados no entenderán qué es una onomatopeya). Ahí les dejo con este dibujito publicitario que debe tener más de cuarenta años, época en la que la gente decente se preocupaba por expresarse sin afanes postizos, demostrando no sólo que sí había pisado un colegio, sino que además no había ido sólo a calentar el pupitre mientras le firmaban un cartón. Se me cuidan...

sábado, 9 de enero de 2010

Arde el cerro


Con la pereza característica de un año que comienza en viernes, aquí vamos con la primera cachetada de este nuevo fiasco de doce meses. La presente nota intenta recoger las reflexiones de una semana que termina con registros insólitos de temperaturas extremas tanto altas (en el día) como bajas (en la noche) en el pedazo de territorio que rodea a mi amigo el puma y al que algunos optimistas pretenden llamar con rosadas palabras como "país" o "patria".

Se supone que la foto que ven arriba es más o menos un ejemplo de la Bogotá de hace unos sesenta años, una lúgubre y fría ciudad que no en vano se ganó el mote de "nevera" por parte de los "calentanos" que viven en otras altitudes. Espero sepan tomar la foto en el mismo sentido que yo cuando apunto a la indumentaria de los lugareños, entendiendo que la infaltable gabardina no estuviera apoyada por una cuestión de moda sino por el frío (y frecuentemente lluvioso) clima cotidiano. ¿Por qué viene al caso esta mención "retro"? Porque si la ciudad se hizo odiosa fue por fría, no por caliente... hace años no era habitual que el monte se prendiera fuego solito debido al abrasador calor, así de simple.

Parte de lo que sigue proviene de charlas-no-de-coctel con algunos pocos allegados. El tema del cambio climático da para todo. Para algunos relacionados con el tema ambiental, es obviamente parte de su diario vivir el razonar sobre el problema y tratar de proponer soluciones. Para otros mal nacidos (que militan en el extremo opuesto siempre a favor de los grandes capitales), es una farsa inventada por activistas desocupados que, por envidiosos, no quieren que sus patrones sigan abarrotando sus bolsillos mientras envenenan el planeta. Y en medio de este carnaval de blancos y negros hay una infinidad de grises, uno de los cuales se limita a reflejar la inconmensurable estupidez que el trópico estampa en la cortísima mentalidad del latino promedio: "me encanta el calor que está haciendo por estos días, es rico porque así las viejas andan más destapaditas, hay más para ver...". Esta es la única clase de "razonamiento" que puede originarse en la subdesarrollada neurona de aquel que sólo sueña con un priapismo perpetuo y con el día en que el calor obligue a todas sus conciudadanas a salir desnudas (semidesnudas ya están saliendo) a la calle.


Pero este tipo de individuo está tan ocupado fantaseando con el pecho de aquella desconocida que viene en dirección opuesta por el andén, que no es capaz de escuchar el sobrevuelo de aquel helicóptero que presuroso lleva su encargo de cientos de galones de agua para intentar apagar el fuego que consume el bosque nativo a pocos kilómetros de sus inquietas gónadas. Este tipo de individuo sólo tiene imaginación para inventar la frase que le acerque a cumplir su recién concebida fantasía erótica y, si se descuida, a concebir como consecuencia a otros igual de cafres a él, que en un futuro más caliente seguirán en el mismo plan absurdo de dejar quemar el planeta por la acción conjunta e inconsciente de tanta gente, y todo por la primordial expectativa de ver un par de tetas por la calle.

Y así, década tras década, durante las últimas seis, más o menos, la gente sigue haciendo gente, con lo cual el clima se calienta un poquito más, de manera que la gente se destapa también un poquito más, se desinhibe un poquito más, se exhibe un poquito más, y así se crea un nuevo ciclo de calenturientos que de nuevo se dedican a hacer más gente... y etc...


y mientras tanto, los pajaritos, los caracoles, las plantas, y todas las especies de flora y fauna que confían en que los desgraciados que viven alli abajo, en la ciudad, no acaben con su hábitat, se joden... se tienen que comer el humo y morir asfixiados o incinerados... y todo para que esos "racionales" puedan seguir viendo tetas en los andenes de las avenidas.


He dicho, y seguiré diciendo.

PD/ Agradecimientos a Camilín por las fotos...

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Más animales...

...serán ustedes. Lo siento, pero esta vez no les tengo un chiste de animalitos. Por el contrario, se trata de un nuevo regaño generalizado. Adelante, sigan intentando convencerme de que la especie "humana" es racional... perderán su tiempo.

Hoy seré breve porque las palabras, cuando venían bajando desde el cerebro, se han quedado atoradas en el nudo que se me ha formado en la garganta al ver este video que me mostró mi amigo el puma. Algo es innegable: los perfectos imbéciles son los que están pasando de largo en sus autos, ajenos al dolor que involucra a los protagonistas. Y el verdadero racional en esta historia es aquel que guarda la esperanza de que aún no sea demasiado tarde y alguien le ayude a socorrer a su amiguito(a). Definitivamente, esta especie "humana" de porquería aún tiene demasiado por aprender. Todos pasan de largo... como siendo cómplices de algún presunto hijo de mala madre que tuvo las suficientes agallas y los pocos reflejos para hacer daño a nuestro amigo... pero ni el presunto imbécil ni ninguno de sus congéneres se acerca para ayudar (excepto el camarógrafo, quien no creo que se haya ido cantando al terminar de grabar).

Amigos lectores, este video puede (y debería ser así) tocar su sensibilidad. Eso espero, a mí me derrumbó y por eso estoy aquí. Para compartir con ustedes el dolor de mi amigo el perro, y ojalá, dejar alguna enseñanza.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Mal trato, animal

Esta historia contada por mi amigo el puma ocurrió hace mucho tiempo, cuando el ilustre John Clayton III, Lord de Greystoke, asumió bajo el nombre artístico de Tarzán y por segunda temporada el cargo de rey de la selva, usurpando la curul al joven Simba en una no muy clara contienda electoral.

Habiendo tenido la oportunidad de codearse con la aristocracia londinense durante sus viajes diplomáticos, el desadaptado lord inglés decidió regresar a su verde hábitat, en donde a pesar de su mediana ignorancia era respetado por su supuesta racionalidad (al estilo de algunos mandatarios latinoamericanos). Consecuencia del contacto con la burguesía, entre otras mañas le vino un civilizado asco hacia el popó: John ya no era el mismo Tarzán que había dejado transitoriamente la selva para probar el boxer (el pantaloncillo, no el pegante). Cansado de que su medio-civilizado pie tuviera que verse embadurnado-y-medio al pisar las espontáneas minas-unta-patas cuando dejaba de lado el bejuco para caminar, un día de aquellos decidió ordenar la excavación de un enorme hoyo en los cinturones de miseria de la selva, al cual a partir de la fecha y con carácter obligatorio todos los animales deberían dirigirse para dar rienda suelta a sus pesares fisiológicos. Publíquese, comuníquese y cúmplase...

Y se publicó, comunicó y cumplió. Y vio el monarca que había hecho bien, y descansó. Hasta aquella mañana, meses después... salió su alteza con la misma despreocupación de siempre, agarró el bejuco de siempre, y cuando descendió en el punto de siempre... "¡mierda!" gritó. Y se agachó, tocó, olió, probó y comprobó, y sí... era mierda. Y por sus características físico-químicas y gracias a la agudeza de sus sentidos llegó a la conclusión de que esa evidencia le perteneció al hermano conejo, razón por la cual mandó a llamar a este último a su despacho.

Viéndose el pobre conejo interrogado sobre la razón de su irreglamentario proceder, no tuvo otro camino que decir la verdad y acusar al gorila, culpable de su más reciente vergüenza:

"Esta mañana me encontraba muy comodito defecando a la orilla del gran hoyo, cuando de la espesura salió el gorila dispuesto a llevar a cabo el mismo menester. Habiendo cumplido el gorila con el precepto de que los últimos serán los primeros, y libre ya de pujanza alguna, abrió conversación dirigiéndose a mí en estos términos:

— "Amigo conejo, ¿usted suelta mota?"

Amablemente respondí que no, y fue entonces cuando el aprovechado ese me agarró de las orejitas y en una sucia maniobra se limpió el trasero conmigo. Por eso, señor Tarzán, no voy a volver al gran hoyo."

De los protagonistas de esta historia y de su final no se volvió a saber hasta hace unos pocos días. Supo mi amigo el puma que Tarzán absolvió al conejo y bajo el amparo del sapo le dio un lugar de privilegio entre la naciente red de informantes, a la vez que decretó el destierro para el gorila por su osadía, obligándolo a buscar fortuna entre otros homínidos. Los más recientes hallazgos señalan que el gorila encontró trabajo como creativo para un imperio regional de grandes almacenes, y parte de su trabajo consiste en impulsar el lanzamiento de productos con marca propia de la cadena. Para la muestra, un empaque:


Sin lugar a dudas, esta es la venganza del gorila por el valiente testimonio del hermano conejo. Ahora el pobre no hallará rincón seguro ni dentro ni fuera de la selva. El programa de protección a testigos tendrá que darle una nueva identidad si no quiere que lo vuelvan... mierda.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Smith tiene razón

No se si me lo crean, y a ratos tampoco estoy seguro de si me importará que lo hagan o no. El hecho es que desde hace rato tengo pendiente consolidar varias líneas temáticas que se nos han quedado por ahí como hebras sueltas sin mostrar aparentemente una cohesión entre sus contenidos. Veamos: hace más de ocho meses comenzamos a ocuparnos de algunos malos ejemplos de sexualidad irresponsable, atacando a aquellos que se pasan la vida intentando hacer sentir mal a quienes planifican o se niegan a procrear en forma salvaje, en un perverso y absurdo culto a la cantidad de vidas por encima de la calidad de las mismas. Señalamos el problema que perdura en la raíz de tantos otros discutidos en este espacio: esta horda de semovientes se niega a entender que este planeta se está destruyendo por culpa de la explosión demográfica de una especie que se cree racional y que no cuenta con suficientes depredadores que controlen su población (la hambruna es uno de ellos, pero no puede hacer todo el trabajo ella sola).
Todo lo dicho hasta ahora confluye en la afirmación de que El agente Smith tiene razón en el siguiente argumento:


Que nadie se atreva a contradecir lo dicho por el agente Smith. El personaje ha sido programado para constituirse en la parte faltante de la ecuación: el control de la plaga más arrasadora del planeta. Lo que estamos viviendo ahora con el tema del cambio climático es suficiente prueba. Esta inconsciente especie no tuvo ningún reparo en echar a perder el planeta que tenía que administrar en forma responsable y compartir con todos los demás seres vivos. Se escudó en todo tipo de falsas razones, incluso en insinuaciones tan atrevidas como que "Creced y multiplicaos, y llenad la tierra" fue un designio de El Libretista ("Dios o como se llame"), y no una macabra consigna de quienes en épocas más oscuras manejaron su "santo" poder de convocatoria para fines no tan santos.

En fin... como ya se ha dicho en otras ocasiones, una imagen vale más que mil palabras. Les dejo con este video a ver si logro que produzca en sus cerebros algún efecto y/o remordimiento. Es la continuación de un compromiso que tenía adquirido semanas atrás, luego del "Blog Action Day 2009". Gracias al amigo Gonzalo, que me dio a conocer este material. Un saludo a Maggie y a los otros que, como ella, intentan salvar el pedazo de planeta que nos queda. Les ruego que lo vean, sólo les tomará un minuto. Gracias.

CALENTAMIENTO GLOBAL:
Cuando lo sientes, ya es demasiado tarde.